Muero y me consumo en soledad

Humo

El cielo vestido de negro y la luz tenuemente encendida. Hojas secas y colillas de cigarrillo que se alzan sobre el asfalto a voluntad del fuerte viento. Las calles se encuentran atestadas de soledad y aturdidas por un silencio abrumador. Es la noche perfecta, pero un grito de suplica e impotencia rompe con la utopía.

¡No se lleven a mi hijo! – es la voz de Doña María Cigarro, la señora de la tienda, mi vecina, quien inundada en llanto y con desafinados gritos busca persuadir a la mano criminal que le está arrebatando una parte de su vida.

¿A dónde lo llevan? – pregunta con voz entrecortada, uno de los hermanos de Juancho Cigarro.

Al filo – responde la criminal, al momento que toma a Juancho por su parte más vulnerable.

Segundos después, el padre de Juancho, quien yace recostado sobre María, exclama:

¡Cero y van dos! – todos saben quien lo hace pero nadie se atreve a destapar la olla, todos saben que el filo es la muerte y la muerte el destino de los Cigarro.

Y realmente Juancho lo sabía, me lo expresó una de las tantas tardes de tertulia en el patio trasero de mi casa, mientras disfrutábamos de la brisa tropical de esta ciudad sin mar y bebiamos vino mezclado con música y café. Por eso no me sorprendió verlo tan tranquilo aquella fatal noche.

Ahora estoy aquí, comiendo y bebiendo con vos, mañana tal vez me esté muriendo en el filo, ardiendo y consumiéndome en soledad – eso fue lo que me dijo Juancho Cigarro la última tarde de vinos, brisa, guitarra y café en el patio de mi casa.

Quizá, ahora sea una colilla más, una de las tantas que el viento alza cada noche a voluntad, junto con las hojas secas despreciadas por los árboles y que el asfalto siempre estará dispuesto a recibir.

soul&mind

~ por soul&mind en Marzo 3, 2008.

Escribe un comentario